Los Madriles

LAS FLORES DE PETRIT HALILAJ

La exposición que más éxito ha tenido de público y en las redes este verano ha sido la de Petrit Halilaj. Un artista Kosovar prácticamente desconocido en nuestro país, pero que ha entrado con su primera exposición individual, por la puerta grande.

Parece que el Retiro se ha introducido dentro del Palacio de Cristal con una explosión de primavera, que en este año cobra un valor especial. La muestra estaba prevista para comenzar en marzo pero la pandemia la retrasó y ahora ha cobrado más fuerza. La instalación quedó interrumpida por el confinamiento y la propia naturaleza se fue apropiando de ella.

Estéticamente es muy visual, con colores vivos y atrayentes, pero no por ello hay que dejar pasar el trasfondo que tiene. Para entenderla hay que conocer la biografía del artista, ya que plasma sus propias vivencias en su obra.  Petrit Halilaj nace en Kostërrc, Skenderaj en Kosovo, cerca de la capital Pristina, en 1986. Su infancia queda marcada por las distintas guerras de los Balcanes, viviendo en campos de refugiados, hasta que gracias al apoyo de su familia estudió en Italia. Allí entrará, como no podía ser de otra forma, en contacto con el arte. Su identidad, como kosovar, un país no reconocido, y su homosexualidad, en una sociedad donde sigue estigmatizada, dejan su impronta en su obra, por su expresión de libertad y de las diferentes formas de expresar el amor.  

Como todas las exposiciones del Palacio de Cristal, se ha realizado específicamente para este espacio, un lugar especial, pero complicado por su altura de techos para trabajar. El artista ha investigado sobre la historia del edificio, que se creó como invernadero para la Exposición de Filipinas de 1887. Esto le trajo la idea de utilizar símbolos como las flores, pero también los pájaros, presentes en el jardín. Observó que las exposiciones que se realizaban, atraían tanto a personas que venían con un interés previo, como a los transeúntes del parque. Esto convertía al espacio en un lugar público, para todos. Pero no solo para los humanos, sino también para los pájaros y demás insectos del parque. Ha dejado abiertas seis de las ventanas y ha colocado comederos para que puedan venir a alimentarse, para que todo fluya.

Sus obras tienen un carácter especial, juega con objetos, elementos naturales, crea esculturas, para dar la sensación de una especie de performance, que es lo que encontramos aquí. Se adaptan al espacio para entablar un diálogo, tanto con el parque como con los visitantes.  

Accedemos a través de una serie de palos de madera como si conformaran un nido. Un elemento que ya utilizó en la Bienal de Venecia (2013) que transformó el pabellón kosovar en un gran nido. Inspirado por el ritual de apareamiento de los Bowerbirds, una especie australiana conocida por construir nidos muy complejos, decorados con ramas y otros objetos como  parte del cortejo para atraer a la hembra.

Los pájaros son un motivo frecuente en su obra, una metáfora de la libertad, del vuelo sin límites y de vivir sin fronteras. Por ello, busca una libre circulación en el espacio, sin un recorrido específico.

Nos adentramos en un espacio poblado de flores gigantes. Estas son el símbolo del amor y de la celebración. Las flores elegidas no son casuales, para él tienen una historia personal con su pareja, como el cerezo que plantaron juntos o las flores que se regalan. Su gran tamaño clama la exhibición de su amor, que a veces se ven forzados a ocultar. Su compañero, el también artista madrileño Álvaro Urbano, ha colaborado junto a él en la elaboración de las semillas de palma, las flores de cerezo, las forsythias, la amapola, el clavel  y el lirio. Están hechas de lienzo pintado ensamblado en estructuras de hilo de acero. Quiere convertir el Palacio de Cristal en un lugar de celebración del amor, como la unión de él y con Álvaro. [En el perfil Instagram de @alvaro-urbano podéis ver el making off de las flores]

En el centro nos sorprenden dos grandes garras metálicas de 14 metros que al alzar la vista se convierten en una. Es la fusión de dos pájaros en uno, como un símbolo de la unión del amor. Una se apoya en la otra, son Here to remind You (Aquí para recordarte). Estas garras junto a flores gigantes le conectan al Jardín de las delicias del Bosco, uno de los artistas junto con las Pinturas negras de Goya que más le impactó del vecino Museo del Prado.

Finalmente, descubrimos otra figura, un hombre con cabeza de cuervo blanco que sostiene un leño entre sus brazos. Esta pieza se titula History of a Hug (Historia de un abrazo), nos narra cómo su abuelo, leñador, se abrazó con tanta fuerza al leño cuando tuvo noticia del nacimiento de su primer hijo,  ante la imposibilidad de poder expresar sus sentimientos  como dicta la tradicional sociedad kosovar. La elección del cuervo blanco no es casual, la idea opuesta a la tradicional, es la posibilidad de cambio, muestra la diversidad por un lado, y al mismo tiempo, la lucha y la resistencia para ser aceptado.

Todo esto configura A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados, un título que es uno de los propios poemas del autor, y que nos dan la clave final para comprender la obra. Los cuervos nos comunicarían con lugares lejanos y desconocidos, pero que entran en lucha, el huracán que precede a la aceptación de lo diferente, a eliminar barreras sociales y políticas.

Su obra, lejos de mostrarnos las dificultades que ha vivido desde niño, es un soplo de energía y optimismo.

 

 Información:

Petrit Halilaj. A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados.

Palacio de Cristal

Parque del Retiro

Metro Retiro (Línea 2), Atocha Renfe (Línea 1)  y Ibiza (Línea 9)

Entrada gratuita

Hasta el  28 de febrero 2021

Foto propia
Foto propia
Foto Propia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll hacia arriba