Los Madriles

PASEANDO ENTRE ÁNGELES

Hoy día de Todos los Santos, la tradición marca que sea el día más ocurrido de los cementerios en España. Por ello, quiero aprovechar para destacar la escultura funeraria.  Contamos con muchos cementerios en Madrid, por supuesto el más grande La Almudena,  pero también contamos con el cementerio de la Florida,  la Sacramental de San Justo, la de San Isidro, y otros cementerios como el británico.

Cuentan como moradores con madrileños, de nacimiento o adoptados, desconocidos o ilustres. Estos son los que suelen contar con las tumbas decoradas con esculturas hechas por escultores famosos, como es el caso que os voy a hablar hoy.

En la Sacramental de San Isidro, junto a la ribera del Manzanares,  encontramos el Panteón de  los  Marqueses de Gándara, uno de los fundadores de la Compañía de Ferrocarriles Andaluces, junto a tumbas de la cantante Fornarina, la Duquesa de Alba (la que pintó Goya) o el científico Isaac Peral.

Los Marqueses de Gándara  encargaron un panteón un sencillo, de estilo neoclásico trazado por Alejandro de Herrero y Herreros en 1881. Decorado en el exterior con  esculturas de la Esperanza, la Religión, la Fe y la Caridad, rematado ahora en la parte superior por una cruz, donde antes se encontraba un ángel de las manos de Ricardo Bellver, el escultor que realizó el ángel caído del Retiro. Todas las esculturas fueron realizadas en Roma por distintos escultores y traídas a Madrid.

La entrada está adornada con columnas a los lados y sobre ella el escudo familiar donde se inscribe el lema “Velar se debe la vida de tal suerte que vida quede en la muerte”, que de nuevo aparece dentro panteón. Sin embargo, lo que hace especial a este panteón es su interior.

Una vez se abren las puertas vemos uno de los ángeles más bonitos de Madrid. Sobre el sepulcro, cubierto por una tela pétrea, está sentado, mirándonos, pero levemente girado. Sus grandes alas le brotan de la espalda, como si de una cascada de plumas se tratara. Parece un joven adolescente con su pelo rizado y alborotado, desnudo.

A medida que nos acercamos y giramos a su alrededor descubrimos su belleza, y vemos con asombro cómo se trasforma de ángel en ángela. Surgen unos leves senos cubiertos por una sutil tela, pegada al cuerpo y abrochada al cuello con una estrella, mientras cae arremolinada entre las piernas que juguetean en el aire. El manto que cubre el sarcófago, por el contrario, se nos asemeja una tela recia, con el escudo familiar bordado. Mirando su rostro descubrimos rasgos suaves, dulces, de esa inocencia que va quedando atrás, cubierto de tirabuzones.

Al llegar a la espalda contemplamos el despliegue de las alas, el detalle de cada pluma que nace en los hombros y cae hasta casi el suelo. Nuestra mirada se posará ahora en el brazo apoyado sobre el manto como si lo acariciara.  Está adornado con un brazalete de estrellas, posiblemente un símbolo masónico. En el sepulcro, como si de un epitafio se tratara está la firma de su autor, “Giulio Monteverde. Scolpi in Roma. Anno 1883”.

 

 Si queréis visitarlo, el cementerio ofrece visitas guiadas. Tienen varias rutas, y este se encuentra en el itinerario Sur.

https://cementeriodesanisidro.com/visitas-guiadas-cementerio/

 

 

 

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